Según encuestas realizadas en centros pertenecientes a la European Society for Blood and Marrow Transplantation, el uso de ATG (globulina antitimocítica) forma parte habitual de la práctica clínica en el trasplante alogénico de progenitores hematopoyéticos, especialmente como estrategia de profilaxis para reducir la enfermedad injerto contra huésped (EICH) y mejorar la tolerancia inmunológica. En la vida real, los centros reportan una amplia variabilidad en cuanto al tipo de ATG utilizado, dosis y esquemas de administración, adaptados al riesgo inmunológico, la fuente del injerto y las características del donante y del receptor. A pesar de estas diferencias, la mayoría de los profesionales coincide en que el ATG contribuye a disminuir la incidencia de EICH crónica y a mejorar la calidad de vida postrasplante, aunque su empleo requiere un equilibrio cuidadoso debido al posible aumento del riesgo de infecciones y retraso en la reconstitución inmune.